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Cubierta de Paraguas / Urban Umbrella

Cubierta de Paraguas / Urban Umbrella

La idea inicial era atractiva: construir un manto con 400 paraguas de color rojo que, descontextualizados de su uso al estar suspendidos a cierta altura sobre un nuevo paseo peatonal de la ciudad de Talca, crearía una huella visual en los habitantes de una ciudad en la que no es común ver intervenciones sugerentes en su espacio público. Esta falta de acciones nuevas pareciera ser provocada, en parte, por agentes que dedicados a tipos similares de intervenciones urbanas son más proclives a soluciones ya probadas que a la innovación. A ello podría sumarse el escaso riesgo que aceptan algunas empresas a la hora de encargar o financiar eventos de similares características y, por último, la poca demanda de este tipo de “productos” por parte de la población local. Es, quizás, el estar en una de las regiones menos competitivas del país lo que provoca cierta somnolencia a la hora de crear, encargar o consumir.

Ya con un plazo acotado, la intensa experiencia adquirida durante el proceso, el tiempo en contra y con escasos lugares idóneos para intervenir, se decidió dar mayor importancia a la autonomía formal, espacial, programática, estructural y constructiva de la propuesta. Esta medida, que nació como respuesta a la incertidumbre de su ubicación final, exigió ser más precisos y asertivos en la fase final del proceso de diseño: la respuesta a lo transitorio del evento sería la ligereza visual, estructural y material; la indeterminación de su ubicación final llevó a insistir en una forma que pudiese tener cabida en cualquiera de los lugares previstos; la velocidad con que tenía que ser montado y desmontado llevó a la búsqueda de la simpleza estructural y a la introducción de soluciones ligadas a la mecánica; la prohibición de dañar o alterar el lugar asignado impulsó a concebir un estructura que solucionase por sí misma su estabilidad.

El diseño ganó así una cualidad no evidenciada hasta ese momento: ser su propia máquina de construcción. Las torres de andamios, utilizadas para dar altura a la cubierta, se usaron como grúas que permitieron izar el conjunto y, ante la imposibilidad de alterar el suelo para fundarlas, se dispuso en cada una de ellas el peso necesario para evitar su volcamiento. A su vez la estructura de cubierta fue construida con cuerda de polipropileno que, con el uso de diversos nudos, dio solución a las uniones, fijaciones y regulación de tensión que exigía el diseño estructural propuesto por el equipo a cargo de esa tarea. Esta decisión permitió utilizar cables y piezas de acero en los puntos estrictamente necesarios.

Durante 62 horas esta huella visual fue parte del paisaje urbano. Su cualidad aérea, inmaterial y ligera, sumada a la distribución de las actividades en diferentes horas del día, dio como resultado un panorama siempre cambiante, híbrido e intenso. El tiempo y la reflexión permitirán verificar cuales componentes de esta acción urbana son los que incidieron en la creación de la huella y cuáles son las partes volátiles a la memoria, condición a la que está expuesto un espectáculo como éste. La idea fue concebida por los alumnos Jaime Latorre y Pablo Retamal, a partir del tema y encargos dados en el primer bimestre del Taller de Arquitectura de 5to año a cargo del Profesor Juan Román, en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Talca. Los integrantes del equipo aparecen mencionados en los créditos. El evento tuvo carácter de “actividad cultural”. Para responder a un público heterogéneo se incluyó danza, teatro, música en vivo (pop, rock, jazz y tecno), mimos, malabaristas y muestras audiovisuales. A cargo del grupo de Registro del Taller de Obra. En paralelo se estaban diseñando y construyendo 8 plazas, cada una a cargo de un equipo de 40 alumnos supervisados por un profesor y un equipo de coordinación de la Escuela de Arquitectura. Los permisos fueron otorgados por el Departamento de Cultura de la Municipalidad de Talca. La intervención fue financiada por: Inmobiliaria y Constructora Independencia ($920.000), Easy S.A ($500.000), París S.A ($260.000), Universidad de Talca ($225.000), Rentamak (Préstamo de 30 cuerpos de andamio más implementos de seguridad), Prefasem (Préstamo de 4 toneladas de prefabricados de hormigón). Los artistas actuaron gratuitamente. La difusión se realizó a través de flyers y radio. Además se colgaron 4 esferas construidas con paraguas de color gris en la calle principal de Talca, en continuidad visual y marcando como dirección la Plaza de Armas. Ciertos avatares: encontrar 400 paraguas del mismo color pasado el invierno; perder por “presupuesto inexacto” a un financista importante 2 semanas antes del evento; inestable situación climática (lluvias y vientos esporádicos pero no despreciables); poca certeza del comportamiento estructural del manto por falta de modelos de cálculo y especialistas en el tema, lo que implica sobredimensionamientos excesivos por márgenes de seguridad. Sólo habían 3 lugares idóneos: la Alameda frente al Teatro Regional, el nuevo paseo peatonal y la Plaza de Armas. Los criterios de selección fueron: alta visibilidad urbana; lugar inscrito en los recorridos peatonales y vehiculares de fin de semana; superficie que permita altas aglomeraciones de público y que además cuente con un público ya “cautivo”; complementarse con otras actividades de ocio presentes en el lugar. Todas las anteriores, además, fueron decisivas al momento de conseguir financiamiento con la empresa privada. El lugar escogido inicialmente -el primer paseo peatonal de Talca- estaba aun en etapa de construcción y su entrega se había aplazado varias veces. Parecía entonces atractivo que una intervención inédita en la ciudad coincidiese con un hasta ahora “desconocido” y recién inaugurado tipo de espacio público en Talca. El evento tuvo lugar entre los días 12, 13 y 14 de septiembre de 2008. La fecha fue escogida a modo de finalización del Taller de Obra 2008, coincidiendo además con un fin de semana (propicio para actividades de esta índole). Las dimensiones del rectángulo, en el que estaba inscrita la cubierta y su estructura, fueron de 14 metros de ancho por 40 metros de largo y 4,0 metros de altura libre en el punto más bajo. Estas dimensiones daban, por otra parte, escala urbana a la intervención. El proceso de descarga de camiones y montaje duró alrededor de 17 horas mientras que el desmontaje, carga de camiones y limpieza del lugar demandó sólo 4 horas. La asimetría en los tiempos se explica fundamentalmente por imprevistos en la partida y por el grado de especialización que alcanzaron las labores de montaje, realizadas por un grupo reducido de alumnos que contaban con la experticia o que la habían desarrollado rápidamente en el transcurso del Taller. Esto, que es una condición obvia para una estructura arquitectónica, no lo es en este caso para una estructura tensada que debía ser instalada en un lugar en donde no era fácil encontrar un punto en el suelo al cual llevar las cargas, tanto por la imposibilidad de anclarla en pavimentos que no estaban diseñados para ello así como de la correspondencia geométrica de las líneas de acción de las fuerzas con los elementos existentes susceptibles de ser utilizados como puntos de amarre de seguridad. Las torres, conformadas por 3 cuerpos de andamios, actuaron como guías de un sistema semi-mecánico. A cada una de ellas se le instalaron 6 poleas en el plano superior (1 por vértice y 2 centrales) y 2 barras de acero paralelas, que ubicadas en las caras exteriores longitudinales cumplían una doble función: la horizontal era recibir uno de los cuatro extremos de encordado que poseía cada módulo de cubierta y la vertical permitía izar simultáneamente los 3 módulos que formaban el conjunto. En el plano inferior de cada una de las torres de andamios se dispusieron 450 Kg de prefabricados de hormigón. Esto permitió bajar el centro de gravedad de la estructura, estabilizándola, y contrarrestar el esfuerzo producido por la tracción de los módulos de cubierta. Se agregó además una pieza de madera por cada pie de andamio: con ello se buscó no dañar el pavimento de la plaza por exceso de presión y además aumentar, en algo, el coeficiente de roce. Si bien el cable de acero y la cuerda de polipropileno, para similar solicitación, tenían prácticamente el mismo costo comercial, se decidió no usar el primero para la estructura de cubierta por la gran cantidad de tensores, guardacabos, apretadores y otras piezas que el diseño requería, evitando así elevar el costo final de la obra. Solo se usaron cables de acero para las contraventaciones (vientos) de los extremos por razones de seguridad y precaución (en caso de corte accidental o intencional al estar a nivel del público). (*) Profesor Asistente, Escuela de Arquitectura de la Universidad de Talca. Arquitecto (U de Los Lagos, 2000). Master en Ciencias Aplicadas (UC Louvain, Belgium, 2005)

Cita: David Assael. "Cubierta de Paraguas / Urban Umbrella" 19 jun 2009. ArchDaily Perú. Accedido el . <http://www.archdaily.pe/pe/02-20427/cubierta-de-paraguas-urban-umbrella>
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