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Entrevista: César Pelli para Taller 9

Entrevista: César Pelli para Taller 9
Entrevista: César Pelli para Taller 9, © María Belén Sepúlveda
© María Belén Sepúlveda

-¿Hola?
-¿Hola?
-Sí, habla Cesar Pelli aquí

Desde Argentina, la revista digital de arquitectura, arte y diseño Taller 9 ha querido compartir con nosotros la entrevista que le hicieron al reconocido arquitecto argentino César Pelli, autor de numerosos rascacielos alrededor del mundo, entre las cuales se encuentran las Torres Petronas en Kuala Lumpur, la Torre de Cristal en Madrid y la torre Costanera Center, actualmente en Construcción en Chile.

La entrevista abarca desde sus tiempos de estudiante hasta hoy en día con preguntas como ¿Qué pensabas de la arquitectura cuando eras estudiante? ¿Cómo evolucionó esa idea?¿Cuáles son sus premisas a la hora de diseñar un edificio?, ¿Por qué nunca volviste a Argentina?. Para saber que respondió Pelli sigue leyendo...

¡Realmente era él! Su  hablar  tranquilo, propio de un hombre con experiencia, se combinaba con  ese inconfundible acento suyo, que varía entre el tucumano y el estadounidense. A pesar de haberse ido de la Argentina hace más de 50 años, Cesar Pelli sigue conservando un perfecto español.

Siempre nos resultó interesante. Sin embargo, descubrimos que había muchas preguntas sobre él que permanecían sin responder. No muchos saben que detrás de esa fachada de empresario, el “Señor de los Rascacielos” tiene un costado sensible, con anécdotas divertidas y situaciones con las que cualquiera se podría relacionar.

Muy amable al hablar, respondió nuestras preguntas con gran claridad. Cuando la entrevista terminó, no podíamos creer nuestras caras de fascinación, porque si hay algo que los grandes arquitectos hacen bien, es cautivar a su público.

¿En tu época de estudiante, cómo se enseñaba arquitectura?

Bueno, yo tuve dos experiencias muy diferentes. Cuando entré a la facultad de arquitectura, eso habrá sido como en 1943 o 44, todavía estaba el sistema de Beaux Arts. En esa época, comprábamos unos papeles gruesos alemanes, que había que mojarlos, estirarlos y pegarlos por el borde. Cuando se secaban se estiraban y quedaban duritos. Ahí dibujábamos con tinta china y acuarelas.

Estudiábamos los órdenes y dibujábamos edificios clásicos. Fue lindo, era muy interesante. Yo tenía suerte, lo hacía bien, tenía mano para esas cosas. Los estudiantes en los años más avanzados estaban haciendo templos y palacios para algunos potentados en costas interesantes, urnas funerarias, todo ese tipo de cosas. Y yo me preguntaba, ¿para qué me sirve esto una vez que me reciba? Y eso no era solo en Tucumán, así se diseñaba en toda la Argentina en esa época.

A fines de ese primer año vinieron Eduardo Sacriste y Horacio Camino, unos jóvenes que nadie sabía de donde aparecieron, ni cómo fue que los contrataron. Siempre a fin de año nos pedían que estudiemos algún edificio muy pequeño, un templo de Venus o alguna cosa así. Pero a mí, Sacriste me pidió que analice la Casa Jacobs de Frank Lloyd Wright. Ahí comenzó el cambio. Después, en el segundo año, en vez de hacernos hacer todas esas cosas extrañas, nos pidieron que diseñáramos dispensarios, paradas de ómnibus, y una serie de cosas que tenían mucho más sentido. Con eso me entusiasmé. Además, el profesor que nos enseñaba plástica, estaba muy interiorizado con todo el arte moderno, que en esa época era mucho más vibrante y mucho más fuerte que hoy. Ese tipo de arte, todavía no era del todo aceptado, sí por la gente que sabía de arte, pero no por la sociedad en general. Ahí vimos que la arquitectura podía llegar a ser arte. Esa combinación de una profesión que puede aspirar a ser arte y que al mismo tiempo puede ser una contribución social, me pareció fantástico. De ahí en adelante no tuve ninguna duda de que quería ser un arquitecto toda mi vida. Y todavía lo siento así.

¿Cuáles fueron las materias que más disfrutabas?

Diseño, sin duda diseño. Plástica me gustaba mucho, historia de la arquitectura me gustaba mucho. Esas eran las que más me interesaban. Me imagino que con casi todos los estudiantes de arquitectura debe ser así. No me iba muy bien con las estructuras, ni con las cosas muy matemáticas.

¿Tenés alguna anécdota que quieras compartir con nosotros de tus tiempos de estudiante?

Uff, que se yo ¡Hay tantas cosas tan lindas! Fueron años muy intensos para mí, años de mucha vida. Todo era un descubrimiento. Casi en mi último año, hicimos un viaje a Cuzco y Machu Picchu. La idea era ir con un ómnibus de la universidad hasta Machu Picchu, pero cuando llegamos al norte de la Argentina, no sé si Salta o Jujuy, había unos ríos crecidos. Al tratar de cruzarlos, se quedó empantanado ahí. ¡Y perdimos el ómnibus! Los profesores que nos acompañaban, Eduardo Sacriste y Enrico Tedeschi, nos hicieron continuar por tren y ómnibus públicos, y fue fantástico. Ese fue un viaje inolvidable. Cuando llegamos al lago Titicaca, Sacriste se subió al techo del ómnibus donde estaban las valijas, y yo me subí con él. Éramos los únicos ahí. Viajar así, por el borde del lago Titicaca, ver la gente trabajando y cantando mientras trabajaban, fue una experiencia increíble, maravillosa. Todo Cuzco y Machu Picchu fue realmente inolvidable. Fue uno de los viajes más hermosos que he hecho nunca en mi vida.

¿Qué pensabas de la arquitectura cuando eras estudiante? ¿Cómo evolucionó esa idea?

La diferencia inmensa está en la práctica. En esa época, no tenía mucha idea qué era lo que significaba ejercer la arquitectura, qué se podía hacer como arquitecto. No tenía modelos a los que referirme ni de donde aprender eso. La teoría, los conceptos de la arquitectura los sabía muy bien, pero la conexión con el hacer arquitectura era muy distante, muy rara. Eso no lo aprendí hasta que vine a Estados Unidos y trabajé con Eero Saarinen. Ahí fue cuando realmente aprendí lo que significa hacer, construir una obra de arquitectura. Es muy diferente que concebirla.

¿Por qué decidiste viajar a Estados Unidos?

Bueno, como al año de recibirme, me casé. A partir de ese momento empecé a pedir becas a varios lugares, y me salió una para venir acá a estudiar por ocho meses. La idea era viajar los dos, pero nos daban un sólo boleto de avión. Ahí tengo otra anécdota divertida si quieres. Teníamos mi boleto de avión, pero no teníamos dinero para el de mi señora. En esa época todo lo que era dólar era carísimo, inalcanzable. Además, cuando empecé a consultar acerca de irme a Estados Unidos, todo el mundo me aconsejaba “No, no se vaya, esto va a ser un daño enorme para su carrera”. Hasta el rector de la universidad, que yo le tenía mucho cariño, me dijo “¡No se vaya, esto le va a hacer mucho mal a usted!”. Es que en ese momento, el gobierno de Perón estaba muy peleado con Estados Unidos. Igual decidimos irnos. O venirnos. Vendimos todos los regalos de casamiento, juntamos todo el dinero que teníamos ¡y todavía no era suficiente! Entonces nos fuimos a Río Hondo, que está como a una hora de la ciudad de Tucumán. Fuimos al casino y pusimos todo el dinero que teníamos en una línea. ¡Y perdimos! ¡Nos quedamos sin nada! Al final decidimos que yo viniera con el boleto que tenía. Mi señora consiguió que una tía mexicana le preste dinero, y vino como a las dos semanas. Ni bien llegó, que no teníamos un peso, descubrimos que ella estaba embarazada. Ese fue nuestro comienzo aquí.

¡Bastante complicado!

Bueno, pero así es la vida.

Se te conoce principalmente por la construcción rascacielos, ¿es la arquitectura que te gusta hacer o se debe a encargos de los clientes?

¡Jajaja! Ambas cosas. Sin duda me gusta diseñar edificios bien altos, el tema me apasiona. Cada rascacielos es diferente porque está en un lugar y tiene un cliente diferente. Pero también son encargos que nos piden mucho al estudio. Son trabajos que pagan bien asique todos mis socios están muy interesados. Sin embargo, hemos diseñado muchos teatros, casi 30, y ese es un tema que me encanta. Un teatro es muy diferente que un  rascacielos, por lo que significa, por cómo se organiza. Además, tiene que diseñarse en colaboración con otros especialistas, por ejemplo ingenieros acústicos, ya que son edificios muy complejos.  Los rascacielos, en cambio, son edificios relativamente simples. Requieren que uno sepa mucho de cómo hacerlo, pero una vez que uno lo sabe, son edificios sencillos.

Sí, hacer un trabajo en colaboración con otras disciplinas, lo vuelve mucho más interesante. Nos gustó mucho el Auditorio que está en las Torres Petronas…

¡Exactamente! Bueno, ese fue particularmente difícil porque nos pidieron que lo diseñáramos cuando las torres ya estaban en construcción, así que había que encajarlo entre las dos torres con mucha dificultad. Pero salió muy bien, quedaron encantados. Fue muy lindo y me gustó porque agregó un elemento muy público al conjunto. Lo que es más público aún y más intensamente usado, es el parque que diseñamos con Roberto Burle Marx atrás de las torres.  Kuala Lumpur es una ciudad muy caliente y lo que tiene de lindo el parque es que hay agua, y uno puede meterse y empaparse ahí ¡Mucha gente se mete con toda la ropa!

¿Cuáles son sus premisas a la hora de diseñar un edificio?

Para mí lo básico es cuáles son los límites del  diseño. Cuál es el terreno, el programa a construir, los códigos y requerimientos que van a afectar al edificio, cuál es el presupuesto con el que medirse. Una vez que comprendo eso, puedo empezar a diseñar.

¿El impacto ambiental es una de ellas?

Por supuesto, nos interesa muchísimo. Trabajamos para hacer los edificios más sustentables posibles. Tenemos muchos edificios, incluyendo rascacielos, que están certificados de Platino, que es lo más alto en la clasificación de LEED. Tenemos algunos edificios que creo que serían Platino pero los dueños no quieren pagar por la certificación. Es un proceso caro, aquí cuesta como 50.000 o 80.000 dólares.

¿Por qué nunca volviste a Argentina?

¡Porque tenía trabajo aquí, y no allá! Los arquitectos estamos limitados a eso.

¿Encontraste tu lugar en New Haven, entonces?

Sí, estoy aquí porque aquí era decano, pero resulta que es un muy buen lugar para hacer un estudio de arquitectura. Es un lugar hermoso para trabajar, con pocas distracciones. Me  lleva seis minutos de auto venir de mi casa al estudio, y más de la mitad de la gente que trabaja conmigo camina a sus casas. Casi todos han comprado sus propias casas o departamentos aquí. Y tenemos el aeropuerto un poquito lejos pero está muy a mano. Además, como tenemos la Universidad de Yale hay muy buenos museos, teatros, conciertos, muy buenas conferencias de todo tipo.

Por último ¿Qué consejo le daría a los estudiantes de arquitectura?

Bueno, lo más importante es que se conozcan a sí mismos. Que sepan cuáles son los potenciales que tienen y  de acuerdo a eso armar una carrera en base a lo que uno puede hacer y no a lo que uno no puede hacer. No hay nadie que tenga todas las capacidades necesarias, pero hay que aceptar la visión de uno y desarrollar al máximo sus habilidades.

¡Bueno eso es todo Cesar!

Para leer la entrevista completa revisar la pagina de la Revista Taller 9

Imagen de portada hecha por María Belén Sepúlveda

Cita: Constanza Cabezas. "Entrevista: César Pelli para Taller 9" 10 oct 2013. ArchDaily Perú. Accedido el . <http://www.archdaily.pe/pe/02-299123/entrevista-cesar-pelli-para-taller-9>

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