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Situado delante de una gran zona verde, demasiado cerca de un barrio residencial, el edificio se entierra bajo un estanque de agua para integrarse en el entorno natural y facilitar su relación con las viviendas vecinas. La sala de espera se abre a un gran talud de hiedra y abedules y se caracteriza con madera barnizada, grandes alfombras e iluminación indirecta para potenciar su aspecto confortable. Las salas de vigilia se iluminan naturalmente a través de unos patios con agua que sugieren recogimiento y privacidad. La única fachada del edificio, la cubierta, refleja el magnífico cielo de León como alegoría de la muerte. Ver más Ver descripción completa
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