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Antes de ser fotógrafo, el español Fernando Alda fue pintor, y su destacada obra fotográfica sin duda recurre a esta memoria visual. No es de extrañar entonces, que realizando un trabajo de fotografía en Panamá, una pared en bruto, manchada con pintura que buscaba sellar sus grietas, lo trasladara hasta aquella época y lo inspiraran para desarrollar una completa serie de 23 copias. Sobre el trabajo de Fernando Alda, Attilio Manzi escribe: A veces la belleza se manifiesta de forma inesperada: no hay búsqueda, expectativas, planificaciones o anhelos. Simplemente se da y la sorpresa que genera en su inesperado aparecer es mayúscula, sobrecogedora. Es el caso de la nueva serie de fotografías de Fernando Alda titulada La memoria de lo imaginado que nace de un hallazgo fortuito y del deslumbramiento que éste produjo. Al entrar en un bloque de oficinas para realizar un reportaje técnico, el fotógrafo encontró unas paredes en bruto, preparadas para ser enlucidas y repletas de huellas dejadas por las cuadrillas de albañiles y electricistas. Para los ojos del fotógrafo ese espacio intervenido con gestos que respondían únicamente a finalidades prácticas, manifestó al instante su enorme valor estético, asemejándose poderosamente a lo que María Zambrano definió un claro del bosque “ese lugar intacto que parece haberse abierto en ese solo instante y que nunca más se dará así.  No hay que buscarlo.  No hay que buscar. Es la lección inmediata de los claros del bosque (...) mas si nada se busca, la ofrenda será imprevisible, ilimitada”. Y, efectivamente, el espacio tosco de un piso anónimo, a medio construir, perdido entre decenas de pisos similares, adquirió de repente, a ojos del fotógrafo, el estatus  de claro, lugar de belleza o, mejor dicho, lugar donde la belleza se manifiesta.  En este sentido, el descubrimiento de la belleza fue más bien una epifanía. Ver más Ver descripción completa
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