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No se puede negar que una torre tiene siempre una voluntad de singularidad y que su valor escultórico es su característica más preciada. En nuestro caso, no queremos desconectar este valor escultórico de su expresión estructural; creemos que cualquier juego de equilibrios que responda a un cálculo escrupulosamente medido reflejará una tensión que es también armonía. Al estar el edificio muy próximo a dos torres de similar altura, intentamos que destaque inclinándolo hacia la calle principal, haciendo de este equilibrio la expresión del proyecto. Resolvemos la planta que genera la oficina partiendo de un paralelepípedo en el que dos juegos de pantallas de hormigón que forman un ángulo agudo dividen el edificio en dos triángulos libres de pilares interiores. Son estas pantallas el principal elemento estructural. Una gran jácena inclinada apea los pilares de fachada en planta baja y ayuda a conformar la entrada al edificio. Es la geometría de esta jácena la que nos da la inclinación que seguirá el brise-soleil de la fachada, buscando con esta inclinación una imagen de esbeltez. Ver más Ver descripción completa
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