Arquitectos que hacen visible una esperanza (para la comunidad y para la profesión)

Siguiendo nuestra cobertura de Espacios de Paz 2015 en Venezuela, reflexionamos en torno a la crisis de la figura del arquitecto que trabaja en abstracto al territorio y sus problemáticas, y al fortalecimiento de una arquitectura colectiva, honesta y eficiente, que no sólo beneficia a las comunidades afectadas sino que, indirectamente, está 'regenerando' la manera en que ejercemos nuestra profesión.

En tiempos de crisis, la necesidad de avanzar nos obliga a movernos. Mientras las problemáticas latinoamericanas urgen la generación de instancias que permitan mejorar la calidad de vida de los barrios más vulnerables, los arquitectos -que abundan en la región- se ven presionados a ampliar su campo de acción y a buscar nuevos espacios fértiles para ejercer. Este encuentro de fuerzas no sólo se traduce en un aporte real a una comunidad determinada, sino que revela sutilmente un cambio en la manera en que enfrentamos el ejercicio de hacer arquitectura.

Frente a un encargo de alta complejidad, que debe responder a personas con necesidades urgentes y recursos limitados, el arquitecto latinoamericano se ha visto obligado a trabajar en base a la eficiencia y al trabajo en equipo, rescatando sus virtudes esenciales para ponerlas al servicio del ser humano. Virtudes que son básicas para demostrar que nuestro trabajo es fundamental, y no sólo en las zonas olvidadas de la ciudad.

¿Por qué el arquitecto en Latinoamérica parece estar volviendo a su origen?

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BUSCANDO OPORTUNIDADES DE EJERCER
Arquitectos que se mueven por necesidad

No es casualidad que en los últimos dos años se hayan reunido en Venezuela casi 30 colectivos latinoamericanos con el único objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas a través de la arquitectura. Increíblemente, este propósito que parece de sentido común para nuestra profesión, pasa a segundo plano en gran parte de los proyectos que hoy están conformando nuestras ciudades. ¿De dónde viene este impulso?

Espacios de Paz nos sugiere una serie de cambios que están sucediendo en Latinoamérica. En primer lugar, las problemáticas latinoamericanas empiezan a ser entendidas como una responsabilidad de todos los que habitamos en la región, ya que de alguna manera son las mismas para todos. Sin embargo, la acción concreta en espacios vulnerables sólo se ha activado con fuerza al transformarse, para muchos, en la única oportunidad de ejercer la profesión.

Espacio de Paz en Punta Arenas, Venezuela (2015). Image © Veo Productores

Hoy en día los arquitectos abundan y los encargos escasean, al menos esos encargos que -casi- todos esperamos recibir. Pero pensémoslo bien, el trabajo en realidad sobra; no para levantar grandes rascacielos ni espectaculares casas de playa, sino que en todos esos espacios de la ciudad donde la arquitectura simplemente no llega. En los barrios de Venezuela, en las favelas de Brasil, en las villas de Argentina, en las poblaciones de Chile.

La escasez, la necesidad y, finalmente, la crisis (tanto social como laboral) nos está obligando a sacar lo mejor de nosotros y a poner el foco en esos espacios olvidados de la ciudad; esos espacios vacantes y llenos de oportunidades que no sólo nos permiten poner nuestros conocimientos a su servicio, sino que además nos permiten demostrar que el cambio físico de un entorno es mucho más potente y transformador de lo que parece, y que nuestra importancia como arquitectos va mucho más allá de la caridad.

Espacio de Paz en Punta Arenas, Venezuela (2015). Image © Veo Productores

NO HAY ESPACIO PARA EGOS
Los saludables efectos de trabajar en zonas que exigen soluciones urgentes

Esto no es nuevo. Hace varios años venimos notando como lentamente desaparecen las "arquitecturas de autor" para dar paso al trabajo colectivo, al simple hecho de asociarse para construir. No tiene absolutamente nada de malo trabajar individualmente y firmar con orgullo los planos de una obra personal, al contrario, es simplemente un cambio en la manera de enfrentar el ejercicio de nuestra profesión; ejemplos hay por montones.

En estos casos, desaparece el arquitecto como figura individual y en su lugar surge un espacio creado colectivamente, por todos y para todos. Son equipos que buscan y aprovechan todas aquellas oportunidades que les permitan ejercer su pasión, sin ideas preconcebidas ni egos exacerbados. Equipos que van a buscar proyecto a terreno, a partir de lo que el sitio les va diciendo, potenciando actividades y situaciones que ocurren previamente. Con respeto por el material y por su escasez. Con respeto por la manera en que la comunidad vive y hace las cosas.

Espacio de Paz en Punta Arenas, Venezuela (2015). Image © Veo Productores

Y aunque el ego existirá siempre, la diferencia está en que simplemente no tiene cabida en aquellos contextos en que las necesidades son urgentes y las soluciones deben ser (al menos en un principio) muy acotadas.

Ésta es una de las lecciones claves: las "condiciones extremas" que normalmente se relacionan con la pobreza y que no permiten generar soluciones antojadizas y caprichosas -simplemente porque no se puede-, debieran ser las condiciones iniciales de cualquier proyecto. En estos casos no queda otra opción que ser eficiente, que utilizar de manera correcta los recursos disponibles, que bajar el presupuesto al máximo, que pensar dos veces antes de "tirar" una línea sobre el papel.

Vuelve a aparecer el sentido común: ¿no es todo esto algo obvio?

Espacio de Paz en Punta Arenas, Venezuela (2015). Image © Veo Productores

ARQUITECTOS QUE HACEN VISIBLE UNA ESPERANZA
Un mejor futuro para el ser humano (y para nuestra profesión)

Bajo este contexto y casi sin buscarlo, Latinoamérica marca hoy pautas de lo que debiera ser un arquitecto en cualquier parte del mundo y bajo cualquier contexto. Porque si tomamos cualquiera de los proyectos realizados en Espacios de Paz y lo describimos, nos damos cuenta que finalmente es la arquitectura que necesitamos todos, y que lo "social" no es más que un pretexto para hacerla visible.

Es una arquitectura que va más allá del "dar refugio" y de cumplir exclusivamente con una serie de funciones. Que responde en primer lugar al ser humano y que entiende que este no puede desarrollarse en su totalidad si nos aislamos unos de otros. Una arquitectura provocadora, pero justa y adecuada a su contexto y a sus requerimientos. Que conmueve porque es humana, abierta, sanadora y regeneradora.

Una arquitectura que hace visible una esperanza, de que podemos crecer, cambiar, mejorar, transformarnos; que nos abre la mente en cuanto a nuestras posibilidades. Que incita al movimiento, a la acción, al roce; que abre y multiplica oportunidades. Una arquitectura que -repito- no sólo es necesaria en las zonas más vulnerables de la sociedad, sino que también en los barrios de más recursos, donde la arquitectura habitualmente nos separa.

Hoy más que nunca tenemos las herramientas para revalorizarnos como profesionales y demostrar que nuestro trabajo puede ser determinante en la construcción de un mejor futuro. 

Algo grande se está gestando en nuestra región. Éste parece ser el camino.

Espacio de Paz en Punta Arenas, Venezuela (2015). Image © José Tomás Franco

Espacios de Paz 2015: cinco ciudades, cinco comunidades, veinte colectivos de arquitectura

* Las imágenes del artículo corresponden al proyecto "Estación de Servicio" (Punta Arenas, Cumaná, Venezuela), diseñado por los arquitectos de RUTA4, Colectivo Independiente y PICO Estudio.

Sobre este autor/a
Cita: José Tomás Franco. "Arquitectos que hacen visible una esperanza (para la comunidad y para la profesión)" 03 jun 2015. ArchDaily Perú. Accedido el . <https://www.archdaily.pe/pe/767042/arquitectos-que-hacen-visible-una-esperanza-para-la-comunidad-y-para-la-profesion> ISSN 0719-8914

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