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Los arquitectos Rafael Pina y Fabián B. Di Giammarino, desde el Colectivo ARKRIT, hacen una crítica objetiva a un clásico de la arquitectura chilena, el Edificio Copelec, una obra que más allá de los múltiples ejercicios descriptivos que existen en torno a ella, como aseguran los autores de este artículo, se trata de una edificación que se ha ganado una posición incuestionable, precisamente por no ser cuestionada. Es frecuente que algunas obras de arquitectura -también las literarias y artísticas- acaben consolidando un prestigio absoluto que las convierte en prácticamente intocables. Nuestro, a veces, muy fiable Rem Koolhaas nos dice en su libro El espacio basura que el concepto de “Obra Maestra” se ha convertido en un precepto definitivo, una suerte de espacio semántico que blinda determinados proyectos frente a la crítica “quedando sus cualidades sin demostrar, su comportamiento sin comprobar y sus motivos sin ser cuestionados”[1], pues el concepto intimida y coarta.   Ver más Ver descripción completa
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