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Las conversaciones en torno a la resiliencia de hoy parecen implicar que los planificadores y diseñadores podrían ser capaces, incluso se podría esperar, que pudieran salvar todos los edificios y espacios públicos en riesgo. La triste verdad es, sin embargo, que no podemos, y quizás no deberíamos. El cambio climático y su consiguiente aumento del nivel del mar rediseñaran radicalmente los bordes urbanos, obligándonos a tomar decisiones difíciles. Incluso si tuviéramos todo el dinero necesario para proteger el precario escenario actual, eso no sería suficiente para evitar lo inevitable. Entonces, ¿cuáles son nuestras prioridades? ¿Cómo elegimos qué salvar? ¿Cómo hacernos cargo de este futuro incierto? Creo que las respuestas a estas y otras preguntas similares deberían comenzar con una evaluación honesta de tres consideraciones esenciales: Ver más Ver descripción completa
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