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Los arquitectos son conocidos por regresar de los viajes con más fotos de edificios que de personas, y por tener un vocabulario con mucha jerga propia. Por supuesto, estos son estereotipos que no siempre son ciertos. Pero algo que une a la mayoría de los diseñadores es la obligación de prestar atención a cada uno de los detalles que componen un proyecto; ya sea el material que recubre la fachada, la unión entre los pisos, cómo se abren las puertas, el tipo de marco, la elección de moldajes para el hormigonado, y muchas otras opciones. Pero un detalle que suele pasar desapercibido para la mayoría (y que marca una gran diferencia en el aspecto de los proyectos de interiores) son las molduras, también llamadas zócalos o rodapiés. La unión entre las paredes y el piso es un lugar altamente expuesto a la acumulación de suciedad, humedad y golpes, como zapatos, sillas, escobas y aspiradoras. Casi siempre, también se trata del encuentro de dos materiales diferentes. Las molduras tienen la función de proteger la zona y aportar con un acabado. Además de la función estética y funcional, algunos modelos pueden ir más allá, ocultando el cableado eléctrico, o incluso las tuberías para la calefacción de los espacios. En el ámbito hospitalario, por ejemplo, este es un lugar que debería recibir mucha atención. En ambientes de cuidados intensivos y quirófanos, es fundamental que los zócalos permitan una limpieza completa, para evitar cualquier tipo de proliferación de hongos y bacterias. En este caso, deben seguirse las normativas locales específicas. Sin embargo, en general, a la hora de elegir este detalle en proyectos, existen cuatro opciones principales: Ver más Ver descripción completa
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