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César Manrique: arte/naturaleza

César Manrique: arte/naturaleza

Hace un tiempo que en Plataforma Arquitectura empezamos a rescatar figuras y movimientos relacionados con la arquitectura que por distintas razones pasan al olvido, y que pese a haber sido parte importante de la vanguardia arquitectónica de su época, en el presente su peso específico no es suficiente para ocupar páginas en las revistas o artículos en la web, ni siquiera como casos de estudio entre las nuevas generaciones de arquitectos…y muchas veces eso se debe simplemente a que sus nombres y/o sus obras no se conocen. Sin otra intención que volver a poner estos personajes junto a tantos star architects actuales que llenan los blogs y las publicaciones con cada movimiento del lápiz que realizan, es que quiero dedicar este artículo a César Manrique.

Si bien su nombre nunca lo escuché hasta hace un año, y sin haber visitado su obra, me atrevo a escribir sobre este arquitecto, pintor y escultor español, nacido en Arrecife, Lanzarote en 1919 y que a lo largo de su carrera logró fusionar arte y paisaje con activismo y turismo al proponer, como dicen en la página de su fundación, la incorporación de un nuevo plano paisajístico a Lanzarote, producido desde la estética artística, pero también desde una propuesta turística singular que tuvo una incidencia económica notable en la vida insular. Este funcionalismo económico y social del arte de Manrique es inédito en la cultura plástica española.

Aspectos biográficos.

César Manrique Cabrera nació el 24 de Abril de 1919 en Puerto Naos, barrio de Arrecife (Lanzarote). En el año 1934, su padre compró un solar en Caleta de Famara y construyó una casa junto al mar. Esta casa marcó mucho en su vida, recordando con gozo: La alegría más grande que tengo es la de recordar una infancia feliz, veraneos de cinco meses en La Caleta y en la playa de Famara, con sus ocho kilómetros de arena fina y limpia, enmarcada por unos riscos de más de cuatrocientos metros de altura que se reflejan en una playa como un espejo. Esa imágen la tengo grabada en mi alma como algo de una belleza extraordinaria que no podré borrar en mi vida. Participó en la Guerra Civil española. En el verano de 1939, una vez concluída la guerra, Manrique regresó a Arrecife. Al poco tiempo ingresó en la Universidad de La Laguna para estudiar Arquitectura Técnica, que a los dos años abandonaría. En 1945 se traslada a Madrid para entrar becado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde se graduaría como profesor de arte y pintura. Durante estos años expone con frecuencia su pintura tanto dentro como fuera de España. Participa en la XXVIII y XXX Bienal de Venecia (1955 y 1960) y en la III Bienal Hispanoamericana de La Habana (1955). En la primera mitad de los cincuenta, se adentra en el arte no figurativo e investiga las cualidades de la materia hasta convertirla en la protagonista esencial de sus composiciones a partir de 1959. Se vincula así al igual que otros pintores españoles como Antoni Tàpies, Lucio Muñoz, Manuel Millares… al movimiento informalista de esos años. En otoño de 1964, siguiendo los consejos de su primo Manuel Manrique, psicólogo y escritor en Nerw York, marchó a esta ciudad, donde estuvo hasta verano de 1966. Se hospedó al llegar en casa de Waldo Diaz-Balart, pintor de origen cubano, en el lower East side, vecindario de artistas, periodistas y  bohemios de esa época. Gracias a su primo Manuel, consiguió una generosa beca en el Institute of International Education que patocinaba Nelson Rockefeller. Ello le permitió alquilar su propio estudio y empezar a pintar una amplia obra que fué exhibida con éxito en la prestigiosa Galería Catherine Viviano. “Cuando regresé de New York, vine con la intención de convertir mi isla natal en uno de los lugares más hermosos del planeta, dadas las infinitas posibilidades que Lanzarote ofrecía “. Paralelamente al compromiso con el territorio insular, Manrique abrió su trabajo creativo hacia otras manifestaciones artísticas. Así, elaboró un nuevo ideario estético, al que denominó arte-naturaleza/naturaleza-arte, que pudo concretar en sus obras paisajísticas, un ejemplo singular de arte público en España: Jameos del Agua, su casa de Tahíche hoy sede de la Fundación César Manrique, Mirador del Río, Jardín de Cactus, etc. Es imposible imaginarse Lanzarote tal y como es hoy sin César Manrique. Era pintor, escultor, arquitecto, ecologista, conservador de monumentos, consejero de construcción, planeador de complejos urbanísticos, configurador de paisajes y jardines. Falleció a los 73 años en un trágico accidente de tráfico, el 25 de Septiembre de 1992, al lado de la Fundación, cerca de Arrecife.

Su obra.

En sus proyectos se puede encontrar esa difícil característica que tienen las buenas obras de arquitectura que se ubican en un paisaje natural y que consiste en magnificar y ensalzar con un elemento artificial lo que a primera vista parece mejor no tocar. Y Manrique tenía un agudo conocimiento del paisaje y de sus potencialidades.

-Jameos del agua

Su primera obra, y según muchos una de las más espectaculares, fue la gruta de los Jameos del Agua, empezadas en 1964 y acabada en los ochentas. El término de jameos se usa para referirse a los tubos volcánicos que carecen de coronación y éstos concretamente pertenecen a la gran oquedad subterránea —una de las más grandes del mundo— que corre desde el Volcán de la Corona. El espectacular espacio geológico de los Jameos del Agua era un lugar ya conocido pero que se encontraba en estado de abandono y degradado. Las primeras obras se llevaron a cabo entre 1964 y 1966 en el denominado “Jameo Chico”, mientras el acondicionamiento del “Jameo Grande” se desarrolló en los siguientes años. Las últimas actuaciones se culminaron en los años ochenta con la creación del Auditorio en la zona del “Jameo de la Cazuela” y la parte superior se destinó a la Casa de los Volcanes, un centro expositivo y didáctico de vulcanología. Iñaki Ábalos al referirse a esta obra la sitúa como uno de los lugares más memorables de todas las Canarias, que durante años atrajo a Brian Eno como el lugar ideal donde desplegar sus ideas sobre la música ambiental.

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-Mirador del Río

Desde principios de la década del 60, el Cabildo de Lanzarote se la jugó por habilitar distintos parajes naturales de la isla con el objetivo de crear una oferta turística única y de calidad. El Mirador del Río fue un proyecto de Manrique que se encontraba dentro de esta línea. La obra, que empezó en 1971 y se inauguró en 1973, se encuentra en el borde de los escarpados acantilados de la parte norte del macizo de Famara. El mirador cuenta con una fachada pétrea en forma de semicírculo integrado en la montaña que asciende a través de varios niveles y que cuenta con la textura de la piedra como característica expresiva principal. La estructura diseñada dirige la mirada al cercano Volcán de la Corona. El cuerpo central está formado por dos estructuras elípticas idénticas y la vista se dirige irremediablemente a la espectacular panorámica de las faldas del Risco de Famara y el Archipiélago Chinijo, compuesto por las islas de La Graciosa, Montaña Clara, Alegranza y Roque del Este. Desde un costado se puede pasar a la terraza exterior, donde se observa libremente el paisaje. De la zona central se sube por medio de una escalera helicoidal hacia la tienda del recinto y la terraza superior, coronada por un lucernario que integra afinadamente la piedra y el cristal.

Manrique, a lo largo de su carrera, pudo experimentar en variadas ocasiones con la tipología de los miradores ya que además de éste realizó los de Malpaso (Lanzarote), El Palmarejo (La Gomera) y el de La Peña (El Hierro), dejando inconclusos varios proyectos en Lanzarote y otras islas.

-Taro de Tahíche

Imágenes de la casa, a fines de los 70s realizadas por Ekkeheart Gurlitt.

Otro de los proyectos donde se refleja genialmente su idea de Arte/Naturaleza fue en su propia casa de Taro de Tahíche, hoy actual sede de la fundación que lleva su nombre y que fue remodelada por el propio arquitecto para tales efectos. La casa está edificada en una finca de 30.000 m², que se extiende sobre una colada lávica de las erupciones volcánicas ocurridas en la isla de Lanzarote entre 1730 y 1736. En 1968 comienza a construir esta vivienda, levantada sobre cinco burbujas volcánicas naturales de gran tamaño y que tiene en sus dos niveles, 1.800 m² de superficie habitable, a los que hay que añadir 1.200 m² de terrazas y jardines, y 2.900 m² de estacionamientos. La planta superior está inspirada en la arquitectura tradicional de Lanzarote a la que se incorporan elementos funcionales modernos como amplias cristaleras y generosos espacios. En este nivel se encontraban el salón, la cocina, un cuarto de estar, una habitación de invitados, su dormitorio y un cuarto de baño en el que se integra abundante vegetación. El nivel subterráneo aprovecha las cinco burbujas volcánicas naturales, que fueron comunicadas por César Manrique a través de pequeños pasillos horadados en el basalto de la colada lávica y acondicionadas para ser habitadas. Además, en el jameo central puede visitarse una amplia zona de descanso (piscina, pequeña pista de baile, horno, parrilla…) con abundante vegetación. El último espacio, ya a la salida, está constituido por el antiguo estudio del pintor. Lo más destacable de esta casa es, por un lado, el juego que existe entre una concepción moderna del espacio y la arquitectura popular lanzaroteña, y por otro, la relación entre el edificio y la naturaleza, transformándola en una obra única.

Si tenemos que definir un punto central en el trabajo de Manrique, creo que la clave está en la perfecta armonía que existe entre la calidad del diseño arquitectónico y el impacto socio-económico que este puede lograr. Lanzarote cambió para siempre con estos proyectos y, nuevamente, la gracia está en un plan hecho a largo plazo y con una visión clara de lo que se quería lograr. Manrique creo un mundo propio, jugó con los códigos del paisaje, los supo leer e interpretar con la sensibilidad propia de un gran artista para generar así una arquitectura fascinante, voyerista-exhibicionista (desde donde mirar y ser vistos). Un mundo de contrastes, de un extraordinario manejo de la luz, donde predomina el juego entre blancos y negros. Un mundo, que como le escuché a Rafael Iglesia en una charla, poco tiene que ver con lo inmundo.

(Fuente: www.cesarmanrique.com y www.fcmanrique.org)

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Cita: andrés besomi [peng!]. "César Manrique: arte/naturaleza" 31 may 2009. ArchDaily Perú. Accedido el . <http://www.archdaily.pe/pe/02-19906/cesar-manrique-artenaturaleza>