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Zygmunt Bauman: Hacia una arquitectura de la liquidez

Zygmunt Bauman: Hacia una arquitectura de la liquidez
Zygmunt Bauman: Hacia una arquitectura de la liquidez, Cubierta Móvil. Image Cortesía de Miguel Braceli
Cubierta Móvil. Image Cortesía de Miguel Braceli

Con motivo del fallecimiento del sociólogo polaco Zygmunt Bauman, el arquitecto venezolano Miguel Braceli nos envió un interesante texto en el que explora en torno a las ideas del autor de "Modernidad Líquida" a través desde el arte y la arquitectura.

Zygmunt Bauman hace una escisión en la modernidad para establecer dos etapas claramente diferenciadas por valores análogos en proceso de licuefacción, cada una tiene que ver con las tensiones entre el peso y la levedad, lo estático y lo dinámico, la consistencia y porosidad de las ideas que enmarcan las visiones del mundo en dos momentos diferentes. Así define la modernidad en su etapa sólida y en su etapa líquida.

Los sólidos tienen forma definida, no se transforman ni se deforman con facilidad. Son estables y estáticos, son capaces de soportar y resistir. Los sólidos pueden oponerse a la fractura o romperse en muchos pedazos. Sus moléculas funcionan por cohesión, son compactos y precisos. Mientras tanto, los líquidos no tienen forma definida, se presentan sensibles a la transformación. No se soportan y su soporte los define por contención. Son maleables y se desplazan. Están en un estado intermedio entre la solidez y la evaporación. Son imprecisos e incomprensibles. Sus moléculas toman formas al azar que varían con el tiempo. Los sólidos tienden a permanecer, mientras la tendencia de los líquidos es a transcurrir.

Casas para volar. Image Cortesía de Miguel Braceli
Casas para volar. Image Cortesía de Miguel Braceli

Bauman describe estas propiedades físicas y químicas de dos estados de la materia que se convierten en la metáfora que explica la transición de una modernidad de universalidad totalizante a una de singularidad liberadora. La razón instrumental fue uno de los mejores hallazgos de este nuevo período que se gestó con la ilustración, se construyó para servir a la libertad y a la autorrealización del hombre. No obstante, sus alcances quedaron cercenados en la medida en que la libertad se ajustó a una búsqueda exhaustiva por los fundamentos absolutos o certezas definitivas. La contingencia y la fluidez del ser quedaron desplazadas justo en el momento en que se abrían múltiples caminos hacia la experimentación de la libertad creativa.

Casas para volar. Image Cortesía de Miguel Braceli
Casas para volar. Image Cortesía de Miguel Braceli

La solidez y liquidez de la modernidad describen dos espacios distintos en su historia. Una escisión que permite hacer un paralelismo pertinente en el desarrollo del arte y la arquitectura. El neoplasticismo, suprematismo, purismo y constructivismo corresponden a las primeras vanguardias del siglo XX. Aquellas que encontraron la solidez en la construcción visual de sus objetos, generando productos concretos, materia tangible que tenía su fin en la perfección. Aun cuando corrientes como el surrealismo, dadaísmo, inclusive el propio readymade se gestaban en paralelo, su influencia más significativa se produce varias décadas después. En el último tercio del siglo pasado nuevos movimientos condujeron las exploraciones hacia una construcción cada vez más conceptual, procesual y contextual de las obras de arte. Así aparece el arte del concepto y de las instalaciones. Las segundas vanguardias se desarrollan a partir de la década de los cincuenta, tienen un auge intenso en los setenta y actualmente se desarrollan como un espacio abierto con cada vez más derivaciones.

Casas para volar. Image Cortesía de Miguel Braceli
Casas para volar. Image Cortesía de Miguel Braceli

En este espacio de tiempo la obra de arte comienza el camino a su desmaterialización, la solidez del objeto se desvanece cuando pierde su autonomía, pureza y visualidad como criterios fundamentales de concepción. Las relaciones desplazan su centro hacia la dependencia, complejidad y conceptualización de los elementos que la componen. Se abren nuevas posibilidades gracias a un pluralismo profundo de manifestaciones que hacen de la teoría, el contexto, y la diversidad de medios de construcción algunos de los rasgos característicos de sus formas de proyecto.

El arte se acerca a la sociedad en un modo distinto, trata de restablecer las relaciones con la vida más allá de su representación y reconoce su singularidad. Se introduce en lo cotidiano, dialoga con ello hasta hacerlo parte de sí. Existe una relación de intercambio entre la obra y la vida a partir de una mutua transformación. Las obras nacen de reconocer los fenómenos que en la vida se desarrollan, a la vez que involucran a las personas para intervenir en su creación. 

Cubierta Móvil. Image Cortesía de Miguel Braceli
Cubierta Móvil. Image Cortesía de Miguel Braceli

El arte empieza a vaciarse in situ, las relaciones particulares con un espacio determinado se vuelven su campo de acción. La obra nace del lugar a partir de vínculos tan estrechos que imposibilitan cualquier desplazamiento fuera del ámbito que le da origen. Es en la especificidad de la intervención donde cada obra encuentra todo su sentido. El objeto –cada vez más descompuesto- sitúa su legalidad formal en el exterior, moldeando su estructura a partir de relaciones contextuales con ámbitos que sobrepasan lo físico, espacios en los cuales el proyecto queda fundido.

La hibridación de los procesos creativos del arte es consecuente con el mestizaje de sus formas de representación. La construcción física de la obra se produce a partir de cualquier material, medio y procedimiento. El dominio de la técnica se sustituye por la exploración de sus posibilidades, una vez que se agotan las modos de construcción se inicia un recíclale de formas, objetos y materiales. Nada es enteramente nuevo, aun cuando el proyecto se mueve por la ansiedad de innovación. El arte se apropia del lugar, de los usuarios, de la realidad y las disciplinas, haciendo de cualquiera de sus componentes su materia prima.

Inmateriales. Image Cortesía de Miguel Braceli
Inmateriales. Image Cortesía de Miguel Braceli

La indeterminación de las obras es la de los líquidos en disolución. Un proceso que ocurre en su forma tangible y desde sus formas de proyecto. La categorización del arte que por mucho tiempo se podía establecer a partir de espacios claramente diferenciados, ahora se vuelve una tarea tan difícil como innecesaria. La síntesis de las artes es una aspiración moderna que en las segundas vanguardias el arte alcanza con mayor intensidad,  sobrepasando sus expectativas de integración en la propia fundición de sus componentes. Cuando se dejan de distinguir los límites entre obra, lugar, creador, espectador, inicio y final de la producción artística, se empiezan a confundir el espacio de sus operaciones, especialmente en aquellas en las que convergen el arte y la arquitectura.

Inmateriales. Image Cortesía de Miguel Braceli
Inmateriales. Image Cortesía de Miguel Braceli

La arquitectura no espera integrar el arte proyectando espacios donde los artistas van a intervenir a posterior. Los artistas tampoco esperan por estos espacios para crear en arquitectura. Los edificios, cada vez, más adquieren una plasticidad que es propia del arte, mientras éste a su vez adquiere una condición espacial que es más propia de la arquitectura. El arte convierte a los espectadores en usuarios y la arquitectura puede hacer de sus edificios intervenciones. Ambas manifestaciones coinciden en la construcción conceptual, contextual y procesual de formas siempre en transformación. Sus relaciones más intensas no se entienden en los ámbitos en que se desplazan, sino en las actitudes en las que se encuentran. En este momento la arquitectura respira el aire en que el arte se ha estado convirtiendo.

Bauman precisa estas etapas de la modernidad para explicar dos momentos de su historia que tienen que ver con la solidez y la liquidez con que la sociedad define sus patrones de conducta. Dos formas de proyecto que no deben entenderse exclusivamente en la historia, sino como medios que conducen a otras formas de materialización con tendencia hacia la liquidez. Aquí los hemos desarrollado para precisar dos aproximaciones al arte y la arquitectura, en este texto que acompaña la misma reflexión desde el espacio proyectual a través de una instalación, dejándose impulsar por sus valores transformados en metáforas prácticas de la realidad.

Inmateriales. Image Cortesía de Miguel Braceli
Inmateriales. Image Cortesía de Miguel Braceli

La solidez y liquidez son dos estados de un mismo proceso evolutivo. Estas dos etapas se precisan como instancias que con amplitud describen el espíritu de un tiempo a partir de las convergencias de las ideas entre las disciplinas de las artes y los diferentes ámbitos de la cultura, más no encierran la totalidad de las exploraciones en dos espacios herméticos ni completamente aislados, derretir los sólidos siempre ha sido el mayor deseo de la modernidad, ha estado presente desde su invención e implica un proceso continuo en el cual se pueden leer diferentes formas, momentos y estados. Alcanzar la liquidez es parte del proceso evolutivo de sus ideas, la modernidad se vuelca sobre sí, derivando en una intensificación y transformación constante de sus propios valores. En ese sentido, ¿Qué más moderno que vaciar la modernidad?

Referencias:

BAUMAN, Zygmunt (2000). Modernidad Líquida. Mirta Rosenberg (trad). Argentina: Fondo de Cultura Económica.. 2010. P.232. ISBN: 978-950-557-513-8

BAUMAN, Zygmunt (2007). Arte, ¿Líquido?. Francisco Ochoa de Michelena (trad). Madrid: Sequitur, 2007. P. 113. ISBN-13: 978-84-95363-36-7

Cita: Miguel Braceli. "Zygmunt Bauman: Hacia una arquitectura de la liquidez" 09 ene 2017. ArchDaily Perú. Accedido el . <http://www.archdaily.pe/pe/803173/zygmunt-bauman-hacia-una-arquitectura-de-la-liquidez>