¿Cómo puede la perspectiva de género impactar el futuro urbano?

¿Cómo puede la perspectiva de género impactar el futuro urbano?

¿Te sientes vulnerable al caminar por espacios públicos? Si eres mujer, las posibilidades de responder afirmativamente a esta pregunta son sin duda mayores, ya que la probabilidad de que un hombre elija un camino más amplio en su trayectoria, para evitar un tramo oscuro de la calle, o para pensar en qué ropa llevar,para que no se sienta expuesto en la vía pública, es mucho menos. Siguiendo esta lógica, resulta casi obvio cómo la ciudad diseñada por hombres puede leerse más como un espacio de amenaza que como un lugar donde las mujeres se sienten bienvenidas. Entonces, para imaginar ciudades igualitarias, ¿sigue siendo necesario insistir en pensar desde una perspectiva de género?

Al contrario de lo que se dice, el espacio público tal y como lo conocemos hoy no es neutral. El alumbrado público, caminar entre la gente en una avenida concurrida, las paradas de autobús, la cantidad de baños públicos y la forma en que están segmentados, la forma en que te comportas en entornos públicos, la forma en que te mira la policía y tantas otras acciones en la ciudad con diferentes implicaciones que atraviesan el género. Como afirma la arquitecta Sônia Calió¹, no importa dónde esté la mujer –en el mercado o en casa, sola o casada, cabeza de familia, de cualquier edad, color, clase social– siempre sufre una segregación basada en la ideología patriarcal, que en el espacio se traduce en la dicotomía doméstico / social, privado / público, mujeres / hombres. Al pensar en esto hoy, es fundamental recordar que los niveles de segregación se amplían aún más al cruzar otras variables como: etnia e identidad sexual.

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El miedo como factor de diseño de la ciudad

La investigadora Marina Harkot (2018) -cuya vida fue trágicamente interrumpida cuando ejerció su derecho, como mujer, a ocupar y vivir la ciudad- cita a Dumont Franken (1977) cuando dice que la casa cumplía un papel de refugio, un lugar protegido del medio ambiente, de lo agresiva que podría llegar a ser la ciudad, el espacio en el que las mujeres se sentirían seguras. La calle, en cambio, sería el lugar donde la mujer estaría constantemente atenta, sintiéndose amenazada. Así, la circulación femenina se limitaría históricamente a los espacios de la ciudad donde se ubican bienes y servicios que conciernen al cuidado de la familia, como mercados, ferias, farmacias, escuelas, es decir, espacios que forman parte del trabajo reproductivo. Calió (1997) llama a estos lugares para mujeres de la ciudad “hogares expandidos."

En medio de esta segregación histórica, incluso hoy, las mujeres a menudo se ven a sí mismas como intrusas en el entorno urbano, especialmente cuando están más allá de la ruta del “hogar expandido”. En este sentido, Gil Valentine (1989) corrobora el escenario al afirmar, todavía en la década de 1980, que las mujeres ejercen diariamente una especie de negociación en el uso del espacio público. Muchas de las rutas y destinos aparentemente naturales elegidos son, de hecho, "estrategias de afrontamiento" adoptadas para apreciar su propia defensa.

Exigir más seguridad y espacios que no operen a través de la exclusión es una preocupación legítima en la agenda feminista. Sin embargo, como Leslie Kern, autora del libro Feminist City (2020), nos recuerda en una entrevista con Sophie Gonick, hacer que los espacios sean cómodos, seguros y acogedores para las mujeres pueden ser acciones leídas como una táctica de gentrificación, que se alinea con las visiones corporativas de la ciudad. buscando eliminar los signos del desorden. Es importante tener esto en cuenta porque, al gentrificar una zona, las mujeres de las clases sociales menos acomodadas pierden el derecho a vivir allí, creando un espacio de homogeneización del barrio que favorecerá principalmente a las familias blancas y, especialmente, a las personas con alto poder adquisitivo en una sociedad donde los hombres siguen ganando salarios más altos que las mujeres incluso cuando ejercen el mismo cargo, está claro quién accede a este lugar con mayor facilidad.

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Dominación de género en la ciudad

La arquitecta Daniela Sarmento (2018) cita al español Josep Maria Montaner al afirmar que la estructura urbana se mantiene y transforma con prioridad para atender la demanda de capital y las prioridades predominantemente masculinas, considerando que está diseñada para atender el flujo de hombres, en el altura de su capacidad productiva, con un trabajo estable y bien remunerado que le permita tener un automóvil, dejando fuera de las prioridades de la inversión pública las demandas de mujeres, jóvenes, ancianos, niños y discapacitados físicos.

Esta situación es lo que la mexicana Paula Villagrán (2014) considera como una dominación de género en la ciudad que atraviesa temas como la movilidad, el transporte público, el miedo a la violencia física en los espacios urbanos, entre otros. En otras palabras, identifica el carácter no neutral del urbanismo. El resultado de esto son espacios públicos que reproducen la dinámica de la sociedad: del poder y la opresión que ejercen los hombres sobre las mujeres.

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¿Cómo se puede revertir esta situación en el futuro?

En cuanto a la planificación y construcción de espacios urbanos, Paula Santoro en su texto Género y planificación territorial: una aproximación (2007), afirma que la perspectiva de género en el urbanismo es fundamental porque trabaja las demarcaciones entre lo personal y lo político así como los territorios públicos y domésticos, buscando reconocer la diversidad cultural como clave para repensar la planificación. En otras palabras, no todos somos iguales y, por tanto, nuestras necesidades urbanas y de infraestructura son diferentes.

Para ello, es necesario distanciarse del razonamiento generalista y cuantitativo, y acercarse a las micro realidades, atentos a comprender la mirada y el comportamiento de las mujeres y otros estratos excluidos de la ciudad.

En la Guía del urbanismo desde una perspectiva de género (2008) organizada por las españolas Marta Román e Isabela Velázquez se señalan cuatro puntos importantes que pueden contribuir a cambiar esta realidad:

  1. Tener en cuenta a las mujeres: conocer las diferentes formas de vivir y usar la ciudad según el género;
  2. Contar con las mujeres: asegurar la presencia de las mujeres en todos los ámbitos sociales y políticos;
  3. Valorar y dar espacio a actividades que tradicionalmente son responsabilidad de las mujeres: comprender y valorar las tareas del hogar y el cuidado de las personas dependientes;
  4. Incorporar las nuevas necesidades de las mujeres como un tema público: la conciliación entre el trabajo doméstico y el trabajo fuera del hogar ya no es un asunto privado de cada familia para pasar a ser un tema público.

Especialmente para los hombres, vale la pena agregar y enfatizar el pensamiento de Gail Pheterson, en su libro The Prostitution Prism (1996): "incluso quienes denuncian la degradación y violencia contra la mujer rara vez cuestionan los privilegios de los hombres en el ámbito sexual, doméstico y reproductivo". Reconocer tu posición social es un primer paso para entender la estructura dominante que excluye a tantos otros órganos, un acto fundamental para poder escuchar, debatir y colaborar con la construcción de una ciudad menos hostil y más igualitaria.

Los puntos aquí planteados no son solo desde el punto de vista del acceso desigual a los espacios y procesos, son algunas (entre tantas) estrategias para reconocer que la condición va mucho más allá de la producción propia de las ciudades, es un constituyente de ella. En palabras de Taciana Gouveia, en el texto Mujeres: ¿sujetos ocultos de / en las ciudades?, esta es una distinción importante, porque si actuamos en términos de desigualdades de acceso, solo estaremos trabajando en los impactos de la estructura sobre las mujeres –lo cual es importante, pero no suficiente– mientras que cuando asumimos las desigualdades de género como estructurantes y dinamizadoras de las ciudades, estaremos ante la cuestión del poder y en consecuencia de los privilegios que tienen los hombres con la conservación de esta estructura.

Mercado de rua Dandaji / atelier masōmī - Imagem: © Maurice Ascani
Mercado de rua Dandaji / atelier masōmī - Imagem: © Maurice Ascani

Este artículo es parte del Tema del mes en ArchDaily: el futuro de las ciudades. Cada mes exploramos un tema en profundidad a través de artículos, entrevistas, noticias y obras. Conoce más sobre nuestros temas. Y como siempre, en ArchDaily valoramos las contribuciones de nuestros lectores. Si quieres postular un artículo o una obra, contáctanos.

Referencias bibliográficas*
¹ CALIÓ, Sonia Alves. Incorporando a Questão de Gênero nos Estudos e no Planejamento Urbano. In: ENCUENTRO DE GEOGRAFOS DE AMERICA LATINA, 6., 1997. Resúmenes. Observatorio Geográfico, 1997.
* Las otras referencias están colocadas como hipervínculo en el texto.

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Sobre este autor/a
Cita: Ghisleni, Camilla. "¿Cómo puede la perspectiva de género impactar el futuro urbano?" [Como a perspectiva de gênero pode impactar o futuro urbano?] 08 feb 2021. ArchDaily Perú. (Trad. Arellano, Mónica) Accedido el . <https://www.archdaily.pe/pe/956522/como-puede-la-perspectiva-de-genero-impactar-el-futuro-urbano> ISSN 0719-8914

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